CENTRO DE ASESORÍA, CAPACITACIÓN E INVESTIGACION URBANA

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El Programa General de Desarrollo Urbano de la CDMX y los ciudadanos partícipes

 

El mundo urbano crece a pasos firmes y acelerados con lo que el 70% de la población mundial vive en ciudades. Hay preocupación sobre el futuro de las mismas, en tanto, se entiende, no sólo se habitan, se transita, se requieren satisfactores y de calidad. Prueba de ello es que los gobiernos nacionales y de las ciudades se han reunido en Quito en octubre pasado en el marco del evento organizado por las Naciones Unidas, Hábitat III.
Una “Agenda Urbana” se vislumbra como el esfuerzo para direccionar futuro y, sin embargo, basta hojear los medios escritos o escuchar la radio para reconocer que, en la CDMX, los actores que tienen que ver con el espacio y desarrollo de la ciudad no se ponen de acuerdo. Todos los días se escucha el reclamo sobre “un nuevo desarrollo inmobiliario” que no cumple con la norma; la suspicacia existente sobre la corrupción; sobre la respuesta escueta que las autoridades ofrecen y el siempre presente silencio de los desarrolladores.

 

Sobre el documento Programa General de Desarrollo Urbano (PGDU), entregado por el Jefe de Gobierno a la Asamblea Legislativa en noviembre pasado, hay que señalar que su estructura cumple con lo establecido en el artículo 37 de la Ley de Desarrollo Urbano, recientemente modificada. Asimismo, incorpora una figura auxiliar que es el Consejo para el Desarrollo Urbano Sustentable (CONDUSE) que trabajó formalmente en los Talleres de Participación Ciudadana que demostraron que los ciudadanos no sólo deben trabajar en la formulación del Diagnóstico.

 

El PGDU ha abierto la puerta a la sociedad, con lo que esperemos que no se cierre ni sean espacios de entretenimiento.

 

 

 

 

 

Desde la lógica de que la ciudad y la sociedad están cambiando, es necesaria la pregunta: ¿y qué tiene de nuevo el PGDU?; ¿modificará estas relaciones cada vez más tensas? Sin duda, un documento por sí mismo no modificará este foco de tensión; es necesario reconocer que los distintos actores deben de interactuar de otra manera. Es decir, la vida de las ciudades es responsabilidad de la autoridad, cuya asociación con el sector privado tiene que ser más que clara y trasparente; así mismo, los ciudadanos deben participar de manera informada y propositiva. Mientras eso no suceda cualquier programa de desarrollo urbano estará falto de puestas de acuerdo. Lo anterior en la lógica de proponer una ley de desarrollo urbano que soporte las formas en que se debe desarrollar un Programa de Desarrollo Urbano con participación ciudadana.

 

Otro tema que hay que adecuar o actualizar es la relación entre el desarrollo urbano y el cuidado del medio ambiente, entendiendo por ello que el espacio urbano, también tiene que cuidar la sustentabilidad del entorno urbano.

 

Sin duda que este programa no hace aportaciones al control del suelo, tema que queda al libre mercado. Por otro lado, aunque reconoce la relación metropolitana, su condición administrativa no permite ni la sugerencia.

 

El futuro de este esfuerzo tiene próximo las aspiraciones políticas de personas que mudan de representación en los tiempos políticos, con lo que se espera que este no sea un esfuerzo más y sigamos con un programa de desarrollo urbano atemporal.